Como recordarán, el día de hoy nos tropezamos por un momento con un verso de la Soledad primera, el cual presentaba un fenómeno de nombre pomposo: sinéresis. La palabreja designa, simplemente, a aquellos hiatos que, por una u otra razón (en este caso una razón métrica), se "diptongizan"; es decir: la sinéresis condensa en una sola sílaba aquellos sonidos que usualmente pronunciamos en dos.
El verso de la silva gongorina que presenta tal fenómeno de sinéresis, en la edición de Robert Jammes, se lee así, sin acento en la "i":
cuando el que ministrar podia la copa
Si leemos la palabra "podia" como lo hacemos habitualmente, es decir: "po-dí-a", el verso queda hipermétrico (12 sílabas). Hay que pronunciar "po-dia". Para hacernos notar este cambio en la pronunciación, el editor de las Soledades, Robert Jammes, ha decidido no acentuar (como se estila actualmente) "podia".
Pero no todos piensan que esto debe hacerse así. Antonio Carreira y Antonio Alatorre opinan diferente y creen que las palabras deben siempre representarse de acuerdo a las normas ortográficas corrientes. Antonio Carreira dice lo siguiente a propósito del asunto que aquí tratamos:
Pero no todos piensan que esto debe hacerse así. Antonio Carreira y Antonio Alatorre opinan diferente y creen que las palabras deben siempre representarse de acuerdo a las normas ortográficas corrientes. Antonio Carreira dice lo siguiente a propósito del asunto que aquí tratamos:
Se acentúa el texto siempre según la norma actual. [...] En la sinéresis se mantiene la tilde siguiendo a los expertos que recomiendan no alterar la imagen gráfica de las palabras para evitar confusiones. (Antonio Carreira, "Introducción" a Luis de Góngora, Romances, t. 1. Barcelona: Quaderns Crema, 1998, p. 34).
El mismo afán de conservar la imagen gráfica habitual de las palabras es el que lo lleva a imprimir, en su edición de las Soledades, el verso del cual aquí tratamos de la siguiente manera:
cuando el que ministrar podía la copa
Esta es una decisión apoyada por Antonio (su tocayo) Alatorre, quien opina que cualquier lector avezado tendrá el conocimiento suficiente para saber que ese "podía" se pronuncia, so pena de asesinar el verso, así: "po-dia". Para que se lleve a cabo lo anterior no importa que la palabra se represente con o sin acento. Estas son sus exactas, y como siempre deliciosas, palabras:
Así, pues, Jammes contrapone "gráficamente" diéresis y sinéresis: rüido, con crema, caso de diéresis; rubies, sin acento, caso de sinéresis. Pero hay, creo yo, una diferencia: mientras que rüido, glorïoso, etc. no estorban gran cosa la lectura (además de que el signo gráfico de diéresis ha venido usándose desde el siglo XVIII), el lector que cae sobre "sabia apenas" (II: 563) o sobre "alqueria de Flora" (I: 96) sí experimenta un pequeño tropiezo, pues naturalmente lee sábia y alquéria. En todo caso, si no perjudiciales, sí son inútiles estas supresiones del acento. Sólo un lector muy novato pronunciaría hipermétricamente, con 12 sílabas, el verso I: 7 al verlo impreso en la forma usual (la de D. Alonso) "cuando el que ministrar podía la copa". El lector normal, el familiarizado con el endecasílabo, de manera automática hará la sinéresis (y ciertamente no pronunciará pódia, ni siquiera podiá, sino en verdad podía, con una í pequeñita, difícil de describir). (Antonio Alatorre, "Notas sobre las Soledades: A propósito de la edición de Robert Jammes", NRFH, 44, 1998, p. 63).
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