miércoles, 8 de febrero de 2012

Algunos ecos del Sueño

El Sueño es un poema verdaderamente extraordinario en la historia de nuestra lengua. Muy pocas cosas se han escrito en castellano que lo igualen; ya ha dicho Méndez Plancarte que el poema "tiene aliento y grandeza apenas parangonables -en el orbe nuestro idioma- con la magnífica aunque panteísta Muerte sin fin de José Gorostiza" ("Introducción" en El sueño, México: UNAM, 2004, p. VII). Los escritores que lo han leído a lo largo de los años, ya lo decíamos hoy, no han sido ciegos -mejor dicho, sordos- a las muchas novedades con las cuales sor Juana tejió su obra maestra, sobre todo esa primera parte tan contundente que tiene que ver con la descripción de la noche.   


Los ecos del Sueño en la literatura son muchos. Uno de los primeros, y de los más interesantes, está en la obra del portugués Manuel Bernardes, Luz e calor, publicada en Lisboa en 1696 (apenas cuatro años después de publicada la silva). En este tratado de carácter científico se describe la noche de manera muy similar a como lo hace nuestra monja de México. En Bernardes está presente la idea de que los animales buscan un refugio para dormir; la imagen de una pirámide que asciende hacia los cielos; y el carácter bélico implícito en la "tenebrosa guerra" que la sombra buscapleitos quiere entablar con las estrellas. El fragmento nos habla del poder de la poesía para penetrar en otros discursos que no son precisamente los suyos y también de la popularidad inmensa de la que gozaba sor Juana en este y el otro lado del Atlántico: "los animales se recogen en sus abrigos; mientras el cuerpo de la tierra extiende una vasta pirámide de sombras hasta el firmamento, donde aparecen los ejércitos de estrellas [el intento de traducción es mío]" (Antonio Alatorre, Sor Juana a través de los siglos, tomo 1, México: COLMEX / El Colegio Nacional / UNAM, 2007, p. 230).  



Son, sin embargo, los poetas los que más se benefician de los hallazgos del Sueño. El poema de sor Juana tuvo algunos seguidores antes de ser publicado. El primero de estos sería un autor anónimo, quien en 1691 escribió un juego de villancicos dedicados a la Natividad de María. El segundo de estos villancicos dice: 

En campal batalla vencen 
al mundo las sombras negras, 
que tenebrosas heridas 
manchan la Naturaleza […] 
 Mas para dicha del hombre, 
huye vencida, funesta 
la Noche toda, pues nace 
la Luz contra sombras densas 
(MP, Poetas novohispanos. Segundo siglo (1621-1721). Parte segunda, México: UNAM, 2008, p. 183). 

El pasaje anterior recuerda las batallas entre la noche y el día que enmarcan el Sueño. Nótese sobre todo que el autor, como sor Juana, llama “funesta” a la Noche. Los villancicos en que se inserta el poema arriba citado se cantaron en México el 8 de septiembre de 1691; no obstante, sor Juana firma la Respuesta… (donde, como sabemos, alude al Sueño) en marzo de ese mismo año. Yo no estaría tan seguro de llamar a este villancico “espléndido precedente” del poema de la jerónima, como hace Méndez Plancarte. ¿Son un modelo o una emulación de la obra de la monja? Es difícil decidirse, aunque me inclino a pensar lo segundo.

El que sí se inspiró en el Sueño fue un autor de principios del siglo XVIII llamado fray Andrés de San Miguel. Este fraile publicó en 1701 la obra El sol eclypsado antes de llegar al zenid, la cual es una descripción de la pira fúnebre erigida en México a la muerte de Carlos iiEs muy sintomático que en este volumen aparezca tres veces el sintagma: “funesta sombra”, dos veces en un soneto de Bernardo Antonio de Robles incluido en los preliminares y una más ya en el cuerpo de la obra. Es evidente que los primeros versos del Sueño: “Piramidal, funesta, de la tierra / nacida sombra…” andaban, como quien dice, en el aire.

La influencia de sor Juana sobre los poetas novohispanos atraviesa gran parte del siglo XVIII. De hecho, llega hasta sus postrimerías. Caso muy interesante es el de una colegiala del colegio de niñas de San Ignacio de Loyola, quien en 1791 participó en el certamen Obras de elocuencia y poesía, en honor a Carlos IV. En su composición, como hace notar Martha Lilia Tenorio, queda muy claro que esta joven leía con cuidado el Sueño, en donde se describe cómo el dormir, al igual que la muerte, invade a todas las personas sin distinción: "desde la de a quien tres forman corona / soberana tïara, / hasta la que pajiza vive choza". Se trata, tal vez, de la última resonancia poética que la obra maestra de la monja tendría en muchos, muchos años: 

cuando el pesado sueño
con tardo pie igual pisa
dorados capiteles
y cabañas pajizas

(Martha Lilia Tenorio, Poesía novohispana. Antología, México: COLMEX / FLM, 2010, p. 1251).

El siglo XIX fue muy duro con sus críticas hacia la poesía de "mal gusto" del Barroco. Por supuesto, el Sueño fue una de las obras más vilipendiadas. Habría que esperar hasta la generación de Contemporáneos para que el gran poema de sor Juana volviera a ejercer influencia sobre otros escritores. Tal es el caso de Xavier Villaurrutia, a quien debemos las primeras ediciones modernas de los sonetos y las endechas de la monja, además de una conferencia. En un poema titulado "Cuando la tarde...", incluido en Nostalgia de la muerte, Villaurrutia, como la monja mexicana siglos atrás, nos habla de una noche de vapores (provenientes del cigarrillo y las chimeneas) que, en vez de caer, asciende: 

La noche surge con el humo denso
del cigarrillo y de la chimenea.
La noche surge envuelta en su manto de polvo.
El polvo asciende, lento. 

Octavio Paz, otro de los enamorados de sor Juana, cada vez que habla de la caída de la noche, piensa en el inicio del Sueño. En "Nocturno", incluido en Libertad bajo palabra, habla del "obelisco del silencio". En "Estrella interior", del mismo libro, se habla de unos "peces dormidos". En el "Nocturno de San Ildefonso", la noche es un "cono de sombra". 

Los ejemplos, por supuesto, pueden multiplicarse. Sirvan, por ahora, los aquí presentados para ilustrar el gran poder que ejerce el Sueño sobre la tradición poética de nuestra lengua, sobre todo en la mexicana. Se trata de un poema que ha nutrido y seguirá nutriendo nuestros versos por muchos años.


No olviden leer con cuidado el Sueño hasta el verso 494 y el artículo del maestro Alatorre "Invitación a la lectura del Sueño de sor Juana". Las copias de este y los demás artículos que leeremos después están ya en el fólder 129 del anexo de nuestra biblioteca. Si no quieren sacar las copias pueden leerlo en la muy accesible edición conjunta de las Soledades y el Sueño, realizada por Antonio Carreira y su tocayo, Antonio Alatorre.


Suerte y disfruten su lectura. 



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