jueves, 16 de febrero de 2012

El conticinio casi ya pasando iba...

Antes de empezar a hablarnos del dormir humano, sor Juana escribe en su Sueño este par de enigmáticos versos:

El conticinio casi ya pasando
iba, y la sombra dimidiaba... (vv. 151-152)

Como hace notar Alatorre, conticinio es "palabra rara". Tan rara que no figura en el Diccionario de Autoridades. Varios comentaristas modernos del poema se han conformado con definir el término con base en diccionarios recientes de la Real Academia, los cuales apuntan que conticinio es la "hora de la noche en que todo está  en silencio". Ese mismo significado da el DRAE de 1925 (consultado por M. Plancarte) y el de 1947 (consultado por Vossler). No se piense, sin embargo, que la palabra entra en el diccionario en esas fechas tan recientes; conticinio está en el DRAE, definido de la misma manera, desde 1780, el cual no debieron tener los estudiosos del pasado tan a la mano (bienaventurados nosotros que tenemos internet).

Ahora bien, ¿cuál es esa dichosa hora de la noche "en que todo está en silencio"? Una parte de la respuesta podemos encontrarla en uno de los comentaristas más antiguos del Sueño: Pedro Álvarez de Lugo. En su Ilustración..., nos dice que "Dan a la medianoche los latinos este nombre conticinio porque más comúnmente en esa hora están todos callados". 

Alatorre dice en su nota que sor Juana tomó la palabra directamente del latín y que para Plauto el conticinio "es la primera parte de la noche, hora en que todos están dormidos". Esto es cierto. En 1551, Martín Cortés Albacar (que, ojo, no se trata del hijo de Hernán) dice en su obra Breve compendio de la esfera y de la arte de navegar (que consulté en CORDE): 

"los antiguos dividen la noche en quatro quarteles, dando tres horas a cada quartel, y en estas quatro partes 
hazían velar la gente de guerra. En el primer quartel, que llaman conticinium que dezimos el primer sueño, velavan todos. En el II, que llamavan interpestum que es la buelta de medianoche, velavan los mancebos. En el III, que dezían gallicinium, que es quando los gallos cantan, velavan los cavalleros de mediana edad. En el quarto y último quartel, matutinum o ante lucem, quando ya quiere ser de día, velavan los cavalleros ancianos; y de aquí se entiende la primera y segunda e tercera vigilia de la noche." 

Con esta cita el misterio queda resuelto. Para sor Juana (y para Álvarez de Lugo), quienes muy seguramente leyeron la obra de Martín Cortés (era bastante popular), el conticinio son esas horas que anteceden a la medianoche: por eso dice que la "sombra dimidiaba". El Diccionario de Autoridades define demediar como: "cumplir la mitad del tiempo o de la edad que se había de vivir". Aquí surge una pregunta, algo ociosa, ¿por qué si el conticinio casi transcurría la sombra ya dimidiaba? Es decir, sor Juana dice que ya casi era la media noche, pero también dice que la sombra ya llegaba a su  mitad, ¿cómo es esto posible? Debería decir: "ya casi era el conticinio y ya casi la sombra dimidiaba". Álvarez de Lugo responde

"Parecérale a alguno que, habiendo esta señora dicho que 'el conticinio iba casi pasando', fue superfluo decir que "dimidiaba la sombra" (en donde ha de suplirse también 'casi dimidiaba'), pues diciendo lo uno, era por demás lo otro. Pero será el pensarlo no pensar que este ingenio relevante nada hace que no sea muy pensado y muy de intento. Fue la razón que tuvo para esta redundancia, tan acertada, como querer obviar aquella duda que hay entre los escritores sobre cuál de las horas de la noche se llame conticinio, pues no faltó quien dijese no ser la media noche, sí el espacio de tiempo que se halla en medio del gallicinio (que es después que los gallos han cantado) y el dilúculo, llamado a este intermedio de tiempo conticinio, porque en él cantan los gallos..." 

Álvarez de Lugo piensa, como se ve, que sor Juana obvió ese "casi dimidiaba" para obviar también que el conticinio es esa parte que antecede a la medianoche y no la otra, como otros pensaban. Yo no creo que sor Juana tuviera pensado hacer eso. Lo cierto es que sí, hay dos divisiones de la noche, ambas conocidas en tiempos de sor Juana: la que acabamos de citar y otra en la que el conticinio no es la primera parte de la noche sino una de las últimas. Juan de Pineda, quien escribió una obra en 1589 llamada Diálogos familiares de la agricultura cristiana dice:

"El día civil o político, que dice Macrobio haberse medido y contado entre los romanos dende una media noche hasta otra media, fué repartido en muchos tarazones con diversos nombres.
Y la primera piarte se llama declinación de la medianoche; y luego sucede el tiempo del canto del gallo; y tras éste el del conticinio o de silencio, porque los gallos y la gente se sosiega; y luego viene el dilúculo, que es la primera muestra de la luz del día (como lo significa el nombre); y luego la mañana, de cuyo nombre después hablaremos, que es cuando quiere salir el sol.
Dende la salida del sol corre el día sin nombre particular hasta mediodía, y tras el mediodía sucede la declinación del día, y después la puesta del sol, tras la cual el sero o la tarde remata la luz del día, y luego llega el crepúsculo, que es al punto antes de acabarse la luz; y, en anocheciendo, se llama la primera lumbre, por se comenzar a encender con velas, y síguesele el del concubio, que es del acostarse la gente para dormir; y después la intempesta, que es el tipo sin razón paria trabajar, hacia las diez y once de la noche; y luego torna otra media noche para comenzar otro día." (CORDE).

En fin, no nos detengamos más en discusiones bizantinas. Baste con saber que para sor Juana el conticinio es un periodo de tiempo que antecede a la medianoche y que no dijo que la sombra casi dimidiaba, como exige el sentido, porque sus lectores, mucho más enterados que nosotros, iban a entender el verso de todos modos. 

Lo que sí es importante señalar, y con esto termino, es que conticinio es palabra muy rara en castellano. De hecho, si buscamos en el CORDE, sólo aparece 7 veces. Dos en el siglo XV, las cuales pertenecen a un diccionario latín-romance; una más, en Juan de Pineda, a quien citamos más arriba; y cuatro más, en escritores del siglo XX. Es decir, sor Juana es, en el CORDE, la única que usa la palabra en el siglo XVII y la única, antes del siglo XX que la introduce en un texto poético. Eso es en verdad una maravilla. Así como Góngora introdujo al castellano muchas de la voces que hoy usamos con completa naturalidad (adolescente, aplauso, meta, ilustre, crepúsculo), es posible que sor Juana haya también introducido esta palabra de domingo a nuestra lengua, que el Diccionario, como vimos, consigna desde 1780. No es tan frecuente como las utilizadas por Góngora, pero bueno, en Venezuela hay una canción popular que se llama así: "Conticinio". ¿Qué tal?


Recuerden: hay que leer hasta el verso 780 del Sueño y el artículo de José Pascual Buxó, "El arte de la memoria en el Primero sueño...", que está en el fólder 129 del anexo de nuestra biblioteca.


Disfruten su lectura.





1 comentario:

  1. Gracias por transmitirnos las clases de la Dra. Rocío Olivares.

    ResponderEliminar