miércoles, 22 de febrero de 2012

Sor Juana y los astros

La celda de sor Juana en el convento de San Jerónimo distaba mucho de ser una celda común: no había cilicios, ni sangre en las paredes, ni lechos llenos de pulgas, ni otros muchos instrumentos de penitencia-tortura a los cuales las monjas y los frailes de la Nueva España eran tan aficionados. Por el contrario, el refugio de sor Juana, en el cual vivió durante casi 30 años, estaba muy cerca, como dice Octavio Paz, "de la cueva del mago". Había allí una inmensa biblioteca (algunos dicen que compuesta de casi 4000 volúmenes) y una colección de instrumentos musicales y objetos científicos. Parte importante de esa colección la ocupaban los objetos relacionados con el estudio de los astros. Uno de los saberes, lo podemos deducir de su poesía, que más desvelaban a sor Juana era el de la astronomía. La monja siempre se sintió intrigada por desentrañar el libro abierto del firmamento y descifrar los signos que allá arriba escribían insistentes las estrellas.

No pocas veces tuvo que defenderse la poeta virreinal de las acusaciones que se le hacían por dedicarse con tanto interés, tan raro en una mujer de su tiempo, a ese y otros saberes. Por eso la pobre siempre se vio obligada a buscar en otras mujeres venerables una justificación para sus propias inquietudes. Por ejemplo, gracias a lo que nos dejó dicho en su Respuesta a sor Filotea, sabemos que en "Hispasia que enseñó astrología y leyó mucho tiempo en Alejandría", hallaba nuestra poeta un ejemplo a seguir. Y no sólo las gentiles como Hipasia habían sido para sor Juana grandes astrólogas: también lo era la misma Madre de Dios. ¿Cómo no iba a serlo? ¿Acaso no es ella la Reina de las jerarquías celestiales? ¡Quién con más autoridad para hablar de los astros! En los Ejercicios de la Encarnación (escrito devocional muy raro, hoy apenas leído), sor Juana nos cuenta cómo Dios tuvo a bien "mostrarle toda la creación del Universo" a María, antes de que ésta acogiera al Verbo en sus entrañas. (Sí, como el alma de sor Juana en el Sueño, también la Virgen "libre tendió [la vista] por todo lo crïado"). En algún momento de este viaje, María subió a conocer "en espíritu a aquellos alcázares eternos" del Cielo. Y tiempo después, cuando fue asunta, no sólo conoció la Virgen en espíritu aquellas altitudes, sino que las visitó personalmente. Sor Juana nos habla de tal suceso en unos villancicos, en los que nos presenta a la Virgen como una astrónoma eminente:

La astrónoma grande...
La que mejor sabe
contar las Estrellas...
¡Vengan a verla todos, vengan, vengan:
que sin compases hoy, globos, ni reglas,
mensura las alturas con sus huellas!

Bonitas y muy interesantes son las coincidencias entre estas hazañas de la Virgen y las emprendidas por el alma de la monja en su Sueño. Allí, igual que María, el alma de sor Juana emprende un

...vuelo intelectual con que ya mide
la cuantidad inmensa de la esfera,
ya el curso considera
regular; con que giran desiguales
los cuerpos celestiales
   
Para sor Juana el estudio de los astros no se quedaba en cálculos y mensuras. Como todos en su tiempo, la jerónima creía que los cuerpos celestiales tenían un fuerte influjo sobre los seres humanos y sus características particulares. Hoy conocemos estas creencias como horóscopos y no los tomamos tan en serio. Antes era otra cosa. Para sor Juana, depende de los astros el que unos seamos tontos, otros inteligentes, otros feos, otros guapos... Lo único en lo que ellos no tienen poder, por designio divino, es en hacernos elegir entre lo bueno y lo malo. En la quinta Loa a los años del rey lo deja muy claro; allí, el Sol le dice a los planetas:

¡Sacro auditorio de Luces...
de cuyo supremo arbitrio,
y gobierno soberano,
dependen las contingencias 
de los sucesos humanos!
Pues dejando la excepción
que, por privilegio raro,
le dió Dios al Albedrío,
para que obrase espontáneo
(cuyo siempre libre obrar
para elegir, bueno o malo,
no lo fuerzan los influjos,
aunque pueden inclinarlo),
lo demás todo os compete,
que inflüencias combinando,
a unos exaltáis felices,
a otros hacéis desdichados.

Con todo, estos terrenos eran de andarse con cuidado. Una cosa era asegurar que los astros nos determinaban y otra muy distinta que con ellos podía vaticinarse nuestro futuro. Podía decirse, por ejemplo, que éste o aquél eran propensos al asesinato, pero nunca vaticinar que iban, efectivamente, a matar a alguien. Eso era jugar a ser Dios y se castigaba severamente. En el siglo XVII las prácticas adivinatorias eran cosa de Inquisición y se englobaban bajo el término de "astrología judiciaria". Al menos dos veces en su Sueño sor Juana reprende estas mañas. Primero a propósito del búho (que siempre tiene que ver con brujerías), el cual es un "supersticioso indicio al agorero". Después a propósito del alma y su viaje por el espacio, que, si se convirtiera en "estudio vanamente judicioso" ("torcedor del sosiego, riguroso") ameritaría una "merecida pena".

Honestamente las dos condenas son bastante flojas y suenan poco entusiastas. Parecen un curarse en salud: "antes de que digan cualquier cosa, voy a dejar en claro que no soy adivina", parece pensar sor Juana. Pero por sus propios versos podemos ver que la poeta estuvo también muy interesada (más bien angustiada) por el asunto de la predicción del futuro. En las loas, escritas para celebrar el cumpleaños de un poderoso, aparecían entes abstractos que ofrendaban regalos espirituales a los soberanos. En una Loa a los años de la Reina, el Futuro le obsequia a la festejada lo siguiente:

Lo Futuro llegue a ver
con modo tan singular,
que aunque tenga qué esperar,
nunca tenga qué temer.   

Valga lo anterior como mero divertimento. No creo que pueda verse por ningún lado que sor Juana haya practicado la astrología judiciaria. ¿Se vio tentada por ese saber, como se vio tentada por muchos otros? Seguramente, pero por su propio bien, debió haber acallado esa curiosidad inmediatamente (parece que hizo eso en el Sueño). La Inquisición procesaba a algunos desdichados por tan sólo haber hojeado libros que supuestamente versaban sobre la materia; imaginen lo que haría con los verdaderos hechiceros.

Hay muchos versos más de sor Juana que hablan de los astros; por supuesto, aquí no podemos transcribirlos todos. Baste esta pequeña muestra para darnos cuenta de la gran pasión que la poeta sentía por el conocimiento del firmamento y de cómo logró componer, con sus saberes astronómicos, algunos de sus versos más hermosos. Una de sus obras maestras, el célebre romance decasílabo, es un retrato de su amiga Lisi, la virreina. Tan hermosa era esta mujer que no había lienzo ni lámina en la tierra dignos de albergar su retrato. Sólo podía ser pintada allá arriba por los pinceles del sol, su belleza sólo podía ser dicha en la lengua de las estrellas:

Lámina sirva el cielo al retrato,
Lísida de tu angélica forma,
cálamo forme el sol de sus luces,
sílabas las estrellas compongan. 


La tarea: terminar el artículo de José Pascual Buxó y el Sueño. Suerte y disfruten sus lecturas.


Hipatia entre los miembros de La escuela de Atenas, pintada por Rafael (1510-1512)

No hay comentarios:

Publicar un comentario