jueves, 2 de febrero de 2017

Queridos todos:

Les dejo las lecturas que no terminamos a ver la clase pasada. Presten atención los elementos que conforman cada poema/retrato.



En tanto que de rosa y d’azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;
  y en tanto que’l cabello, que’n la vena
del oro s’escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
  coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que’l tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
  Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
Garcilaso


De pura honestidad templo sagrado,
cuyo bello cimiento y gentil muro,
de blanco nácar y alabastro puro
fue por divina mano fabricado;
  pequeña puerta de coral preciado,
claras lumbreras de mirar seguro
que a la esmeralda fina el verde puro
habéis para viriles usurpado;
  soberbio techo, cuyas cimbrias de oro
al claro sol, en cuanto torno gira,
ornan de luz, coronan de belleza;
  ídolo bello a quien humilde adoro,
oye piadoso al que por ti suspira,
tus himnos canta y tus virtudes reza.
Góngora


Si mis párpados, Lisi, labios fueran,
besos fueran los rayos visüales
de mis ojos, que al sol miraran caudales
ágilas, y besaran más que vieran.
  Tus bellezas, hidrópicos, bebieran,
y cristales, sedientos de cristales;
de luces y de incendios celestiales,
alimentando su morir, vivieran.
  De invisible comercio mantenidos,
y desnudos de cuerpo, los favores
gozaran mis potencias y sentidos;
  mudos se requebraran los ardores;
pudieran, apartados, verse unidos,
y en público, secretos, los amores.
Quevedo


Si a una parte miraran solamente
vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran?
Y si a diversas partes no miraran,
se helaran el ocaso o el Oriente,
  El mirar zambo y zurdo es delincuente;
vuestras luces izquierdas lo declaran,
pues con mira engañosa nos disparan
facinorosa luz, dulce y ardiente.
  Lo que no miran ven, y son despojos
suyos cuantos los ven, y su conquista
da a l’alma tantos premios como enojos.
  ¿Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista
a que, siendo monarcas los dos ojos,
los llamase vizcondes de la vista?
Quevedo



Alma Venus, madre y diosa,
dame gracia en disponer
las partes que ha de tener
para ser la dama hermosa,
  que sin tu gracia y favor
poco valdrá mi escritura,
siendo tú de la hermosura
diosa, y madre del Amor.
  En el ordinario hablar
ha de ser tan amorosa,
que entre grave y melindrosa
sepa cierto modo hallar.
  No ha de ser flaca ni gruesa,
sino llena, bien cumplida,
de dulce carne fornida
juntamente blanda y tiesa.
  Blanca no tan demasiado
que descolorida esté,
mas que tenga un no sé qué
de vivo color mezclado.
Las mejillas quieren ser
ni hundidas, no levantadas,
de sangre y leche mezcladas,
tocadas de rosicler.
  Las tetas lisas y tiesas,
firmes, redondas, menudas,
que como manzanas duras
puedan ser a manos presas.
  La canal que se derriba
por entre ellas ha de ser
clara, que se deje ver
por abajo desde arriba.
  Las caderas relevadas
tanto de carne cubiertas
que de acudir muy dispuestas
no dejen de ser pesadas.
  Y las que quedan tras ellas,
redondas por tal compás
que levanten lo demás
cargando el cuerpo sobre ellas.
  El vello negro y sutil
que del vientre está pendiente,
que parezca propiamente
ébano sobre marfil.
  La parte a quien la Natura
puso su nombre, cerrada,
no baja ni levantada,
ni muy llena de verdura.

Anónimo

No hay comentarios:

Publicar un comentario